Dirección Plaza de Los Curtidos 1 Piso 2 Puerta D 38005 Santa Cruz de Tenerife
Horario De lunes a viernes de 10:00 a 20:00 h.
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Hay una línea delgada entre el debate consciente y la discusión irracional en el ámbito de la pareja. Pero siempre es mejor enfrentar los desencuentros en lugar de optar por la solución de huir. El riesgo reside en que, cuando comience la discusión, uno o los dos miembros de la pareja se endurezcan, encierren, huyan o bien chillen más que el otro. Hombres y mujeres suelen estar tan desprotegidos en los sentimientos que cada “puñalada dialéctica” penetra hasta lo más profundo del pecho, blando, aprensivo, lleno de susceptibilidad. Y esto es porque no tienen consolidado a sus guerreros interiores, porque no están experimentados en el uso y recurso de la batalla dialéctica que no busca herir, sino defender criterios, posturas y espacios.
Cuando un hombre o una mujer estallan coléricos, es porque sus guerreros internos no han sido capaces de templar la situación, de relativizar, de comprender. Ambos miembros de la pareja están entonces en una situación de desprotección: han sido heridos, pero no han hecho nada con sus heridas.
De nada sirve endurecerse, encerrarse y guardar el rencor y las cuentas pendientes bajo llave. Es mejor una “buena pelea” que saque las cosas a la luz, las aclare y los saque de su encono. Por tanto “hay que saber pelear”, no rehuir el encuentro, para que no se produzca el desencuentro. Las “dagas dialécticas” hay que nombrarlas, y no lanzarlas desde la ignorancia y el dolor. Cuando hay inconsciencia e irracionalidad en el debate es porque los niños interiores de ambas parejas están seriamente dañados, y se necesita un trabajo paralelo, junto a la terapia de pareja, relativo a la inspección de la propia herida de cada miembro.

Cuando el individuo está más bregado y ha tenido un entrenamiento en estas “batallas” producidas por la guerra de género, entonces puede empezar a esquivar, verlas venir con anticipación, callar ahora y actuar más tarde; es decir, comprender la herida del otro y la propia. Es decir, luchar limpio y poniendo límites. A veces hay que quedarse a pelear y otras veces no se debe seguir aguantando, y tomar una u otra decisión requiere discernimiento.
Por otra parte, hay todo un historial (una memoria) en el Inconsciente Colectivo de la Humanidad, relativo a la lucha de género, y al abuso y manipulación en la guerra de poder entre las parejas. Este ha sido nuestro legado generacional, y lo estamos cambiando, pero si el hombre y la mujer carecen de guerreros internos templados en la batalla de la vida, entonces sólo podrán sacar a sus niños internos heridos y avergonzados, vestidos con ropas de soldados mercenarios.
(ROBERT BLY, de su libro Iron John)